Con las nuevas medidas, lo que en cualquier otro lugar sería lógica elemental, aquí se vuelve ilógico: aunque el aceite esté en cada esquina, la oferta y la demanda no funcionan como en ninguna parte, pues no existe competencia para abaratar sino una dinámica perversa para inflar los precios, dejando a la población —en su mayoría con un poder adquisitivo precario— expuesta a la especulación y a prácticas que rayan en lo delictivo, como Mipymes que rechazan transferencias, evaden impuestos y venden a precios desorbitados, mientras otros deciden desde el escritorio lo que la calle paga con el sudor; basta caminar los barrios más humildes para darse cuenta de la situación de las personas, es terrible, existen dos mundos paralelos en nuestro país y duele ver que hay muchos que no tienen su corazón puesto en la tierra y que adolecen de humildad