Durante décadas, las intervenciones de EEUU han contado con el respaldo (o el silencio cómplice) de las principales cadenas de noticias globales, de sus aliados en Europa y de organismos internacionales que ellos mismos ayudaron a fundar.
Cuando una potencia occidental bombardea, la narrativa oficial lo suele calificar de "intervención humanitaria", "defensa de la democracia" o "daño colateral". Si lo hace un rival geopolítico, se califica inmediatamente de "invasión ilegal" o "crimen de guerra". Esa doble vara de medir ha sido su escudo más efectivo.
Países como China, por ejemplo, han basado históricamente su política exterior en el principio de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados. No necesariamente por "bondad", sino por una estrategia pragmática:
China ha preferido la expansión económica (infraestructura, préstamos, comercio) en lugar de la militar. Saben que un conflicto armado a gran escala destruye las rutas comerciales de las que depende su propia economía.
Rusia, Irán o Corea del Norte, aunque tienen capacidad militar o nuclear, saben que el estándar con el que el mundo occidental los juzga es implacable. Cualquier movimiento fuera de sus fronteras desencadena de inmediato sanciones devastadoras o respuestas militares coordinadas.
EEUU ha jugado con la ventaja de que su propio territorio continental no ha sufrido las consecuencias de las guerras que promueve lejos de sus fronteras. Saben que si desestabilizan Oriente Medio, América Latina o Asia, el caos, los refugiados y las ruinas se quedan allá, mientras las ganancias de las corporaciones regresan a su capital.
razón por la que potencias emergentes miden mucho más sus pasos es porque entienden que el equilibrio actual es frágil. EEUU se ha servido históricamente de esa cautela ajena, apostando a que los demás prefieren evitar una conflagración mundial antes que responderle con la misma moneda.
La gran incógnita para el futuro es si esa paciencia de los demás países seguirá manteniéndose o si la pérdida paulatina de la hegemonía estadounidense terminará por romper esa dinámica de impunidad.